
Desde hace ya muchos años que la mujer se ha insertado en el mercado laboral y cada día ocupa más cargos ejecutivos, políticos, administrativos y hasta ocupaciones complejas y que requieren fuerza física, algo que me parece encomiable.
Sin embargo pienso que a más de todas esas actividades y labores, la mujer sigue siendo la fuerza y el motor esencial de la familia, el apoyo y compañía de su pareja, y el faro guía de los hijos. Un hogar donde la madre aporta atención y ternura a los hijos, es un hogar estable, armónico, en el cual cada uno de los miembros tiene un piso sólido donde ir construyendo sus ilusiones y metas.
Aquí viene la parte tan complicada con la que la mujer actual debe luchar, no por decidir optar por la vida familiar o la laboral, sino por intentar acoplar las dos de la mejor manera, apoyando a la economía familiar y ocupando esa labor tan sensible e indispensable de ser madre, esposa y ama de casa.
El ver como en un día normal mujeres trabajadoras se cruzan en la calle, me da el empuje que necesito para intentar ser una mejor madre y profesional:
Oficinistas con el uniforme empresarial, que llevan de la manito a sus hijos por la tarde luego del trabajo, cargadas de las compras del día con sus carteras y portafolios toreando las calles y buses; otras recorriendo con su auto por el tráfico para dejar y retirar a sus hijos de las diversas actividades de estudios y talleres; la mamita que acomoda en una esquina un espacio para ofrecer alimento a los transeúntes, con sus canastitos llenos de comida caliente, el menor de sus hijos atado a la espalda y otro correteando a su alrededor, la enfermera que me atiende en un laboratorio y me pide si puedo regresar al día siguiente por el resultado, pues debe salir a retirar a su bebé de 8 meses que está un poco agripada.




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