
Es en la mañana cuando más necesitamos elevar nuestro corazón a Dios,y meditar en Él.
Hoy trataré de describir el típico despertar del ser humano moderno. Y por “moderno”, quiero definir al hombre de nuestras ciudades. Al típico profesional que atiende su consultorio, jefe de empleados, hombre de gobierno, profesor universitario, comerciante y al agente de ventas. Quien cada mañana tiene que salir para enfrentarse a sus colegas y competir con ellos como gladiador en las arenas del Coliseo.
01Muy temprano en la mañana es despertado por el reloj implacable, después de pasar una mala noche, el hombre masculla una imprecación. ¡Ahora que había podido conciliar el sueño, tiene que sonar este despertador!.
02El hombre se encamina al baño; la ducha no funciona, el agua está fría y la hoja de afeitar es vieja. El hombre protesta y maldice.
03Su mujer le sirve el desayuno, pero las tostadas se han quemado, los huevos están fríos; los chicos gritan, el perro ladra, y; la suegra, que tampoco ha podido dormir bien, balbucea entre dientes. El hombre tararea sus primeras canciones de protesta contra el matrimonio, la paternidad, el tiempo, la política, el gobierno y los competidores. Termina el desayuno, se pone el sombrero, besa rápidamente a su mujer y se despide.
No es extraño que este buen ciudadano tenga los nervios alterados, la presión elevada, el colesterol alto, la sangre en el ojo y unas venillas a punto de reventarse en el lóbulo cerebral izquierdo. Para este hombre moderno que canta tales canciones en la mañana, la sabiduría popular nos dice que no importan las cosas que nos puedan suceder o como se nos presente el día; sino, el modo y la predisposición con que lo recibimos. Sofía de Grecia, cree además que los buenos modales se fortalecen en valores profundos, como la comprensión, la mutua tolerancia e incluso esa pizca de paciencia y sentido del humor sin los cuales nada funciona.
También la Biblia, al respecto tiene algunas palabras, “Oh Jehová, de mañana oirás mi voz; de mañana me presentaré delante de ti, y esperaré”. Salmo 5.
En la mañana cuando el sol se asoma y comienza un nuevo día de trabajo, es cuando debemos presentarnos ante Él, elevar nuestro corazón y pedirle las fuerzas necesarias para enfrentar la vida. Recibir de su poder las palabras que nos fortalecerán en nuestras debilidades y nos elevarán por encima de nuestras miserias.
Solo haciendo de Jesucristo nuestro amigo y confidente encontraremos el valor para aceptar que los seres humanos podemos cambiar nuestras vidas a partir, modificando nuestras actitudes.










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