
“Entonces Dios el Señor formó al hombre de la tierra misma, sopló en su nariz y le dio vida.
Así el hombre se convirtió en un ser viviente” Génesis 2:7.
Este texto bíblico vuelve como una respuesta al escenario global, cuando científicos, movimientos ecologistas, gobiernos,... están preocupados por el estado de nuestro planeta. Estamos viviendo cambios climáticos producto de la emisión excesiva del dióxido de carbono (CO2) y otros gases que crean mayor temperatura en la atmósfera. A esto se le ha denominado calentamiento global o cambio climático. La última Conferencia sobre Cambio Climático de la ONU (15ava), que fue realizada en Dinamarca, pretendió crear compromisos entre los países representados para reducir al menos un 50% de emisiones del CO2 en el 2050 con relación a la cifra de 1990; sin embargo, para la opinión generalizada esta reunión fue un fracaso. Ante esta situación, ¿Qué actitud de compromiso debemos asumir? Y como cristianos, ¿Cuáles son algunas de las implicaciones bíblicas para la vida de quienes habitamos en el planeta Tierra, frente al cambio climático?
Implicaciones éticas para una nueva espiritualidad planetaria.
Necesitamos una nueva espiritualidad, acorde con la necesidad planetaria. Si asumimos que el ser humano es una unidad, además de biológica, psicológica y social, lo es también espiritual; por lo que podemos afirmar de forma categórica que tanto los no religiosos así como quienes pertenecen a una comunidad de fe pueden desarrollar un tipo de espiritualidad. Toda espiritualidad se fundamenta en supuestos éticos que orientan la acción, el pensamiento, la emoción y la experiencia del individuo. El cambio climático es un problema que nos afecta a todos. Y compete a cristianos y no cristianos. Ahora bien, desde una perspectiva bíblica, podemos disponer de algunos principios éticos adecuados.
Como era de esperar, la Biblia no manifiesta nada con respecto al calentamiento global de forma explícita. Sin embargo, dispone de principios creacionistas que nos dan luces sobre nuestra responsabilidad frente a lo que acontece en nuestro planeta. Estos principios son mediaciones éticas entre la acción del ser humano y la tierra. Recordemos brevemente el relato creacionista de los dos primeros capítulos del libro de Génesis. En el principio todo estaba desordenado y vacío, luego Dios lo ordena y crea el universo. En cuanto a nuestro planeta, una vez que ha creado y ordenado los cielos, la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos, toma un poco de tierra, a la cual sopla dando origen así al ser humano.
El texto citado al inicio de este artículo nos ofrece un primer principio insoslayable. La tierra y la humanidad son realidades provenientes de un mismo Dios, y el ser humano se debe a su génesis terrenal. Este principio pone al ser humano a la par de la tierra, desde un plano creacional. El ser humano no es mayor que la tierra. Y está íntimamente relacionado con ella y con todo lo que en ella existe. Muchas culturas la llaman como madre tierra o madre naturaleza. Tal es el caso de los pueblos indígenas que habitan en los Andes de nuestra región, donde llaman a la tierra “Pachamama”. Los ritos de nuestros indígenas consisten en retribuir lo que ella nos ha regalado. Estas acciones ancestrales nos demuestran el histórico cuidado y agradecimiento del ser humano por su lugar de origen, esto en el precedentemente de los procesos industriales que caracterizan a la sociedad moderna.
¡Nuestra tierra nos necesita!. ¿Estás dispuesto a contribuir con tu propia preservación?