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Nunca te rindas

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10_mandamientos

Cuando las cosas se ponen difíciles pienso en algo que aprendí viendo a mi padre, Nunca te rindas.

Solo hoy después de veintidós años del primer capítulo de la telenovela dramática emitida al aire, “El Ángel de Piedra”, logro comprender la profundidad y la importancia de ser constate...Es sorprendente como la correcta aplicación de esa palabra en los actos de nuestra vida nos puede llevar a alcanzar lo que más deseamos.
Yo vivía con mi familia en Tumbaco; alejado del ruido de la ciudad, en medio de potreros, vacas y riachuelos. También estaban los buenos amigos para trepar las paredes, jugar a las bolas o tirar de las catapultas en el parque central, con la única condición de nuestros papás: volver a casa antes de que anochezca.
Ya en la noche, después de terminar los deberes de la escuela, con cierto apuro, me ponía manos a la obra a tratar de descubrir: ¿Qué había dentro de esa caja extraña, que hacía hablar a la gente?... La televisión en esa época era para mí un misterio, creía que había muñequitos dentro actuando uno tras otro para entretenernos; recuerdo estar buscando a los lados del aparato para ver si pescaba a uno de ellos y me contaban el secreto.

Cuando tenía solo diez años, recuerdo que empezaron a salir unos anuncios en Ecuavisa, sobre una nueva producción dramática del canal, que se auguraba como la mejor de las creaciones nacionales. El spot decía que necesitaban niños de ocho a diez años para el papel principal y que el casting sería en diez días. Desde ese momento no paré de insistirle a mi madre a que me llevara a la prueba, pedido al que renuentemente se negaba, decía que no teníamos ninguna conexión con el mundo de la televisión y que sería una pérdida de tiempo.  Al fin, y; después de tanto insistir con mi cantaleta, una mañana por fin accedió… lo recuerdo como si fuese hoy. Cuando llegué al canal, noté que más de quinientos niños se habían sentido igual de atraídos por el llamado, y; si no ellos, sus papás, porque a la fuerza los obligaban a estar bien portados frente a los directivos. Mi madre casi se da media vuelta y me lleva, ¡Es que con el gentío!... Por fin llegó mi turno, me dieron unas hojas y me dijeron que ensayara el fin de semana, era viernes. Apréndete los textos y vuelve el lunes, tu casting va a ser a las once y media, me dijeron.  Ensayé como loco con mi hermana, me imaginaba que el lugar era un cuarto y tenía que discutir, o casi pelear con una hermanastra. Volví el lunes, la misma situación, repleto de niños bien peinaditos. Estaba nervioso cuando llegó mi hora, subí al redondel iluminado con una lámpara cenital, no veía más allá de ese rayo de luz. Cuando empecé los nervios iban desapareciendo, casi no me di cuenta cuando me dijeron ¡Corte! Se acercó de inmediato el director y me dijo “Muy bien, lo hiciste muy bien”; sonreí con timidez, pero feliz, parecía un buen augurio. –Pero-, dijo, déjame te explico, -Tu papel tiene continuidad en la novela, es decir, tu personaje crece, y el actor grande ya está escogido, se llama Antonio Belolio, es de Guayaquil y tiene ojos azules; así que, gracias por venir, te llamaremos para otra novela -me dijo-… me desinflé, creo que fue una de mis grandes decepciones de esa edad… Mi madre agradeció, me tomó fuerte de la mano y salimos del canal.  Al bajar hacia el auto creo que solo me dijo: “te dije que esto iba a pasar, pero todo está bien, me sorprendiste”… A los pocos días no lo podía olvidar, y; de alguna forma, seguía teniendo esperanzas.

Después del baño matutino por tener tierra hasta en las orejas; volvía a encender la tele, a esperar que apareciera el comercial, pero ya no salió, no apareció más. Me fruncí, sin embargo, cada día repetía la misma rutina, y cuando sonaba el teléfono, corría precipitadamente a contestar, a ver si había alguna persona que me buscara. Así pasaron cinco días, luego diez, y; mi madre me veía correr al escuchar sonar el primer timbre. Después del día quince, todos habían olvidado el tema en casa. Una tarde, casi sentado junto al aparato, esperando de nuevo, timbró, contesté y una voz desde el otro preguntó: -Aló, ¿Christian Norris por favor? casi dudando dije, -sí con el mismo, ¿Christian Norris Crespo? -volvió a preguntar una mujer, -sí, respondí otra vez. -¡Eh, viva le encontramos, bravo! -gritaba mucha gente del otro lado del teléfono, -¿Eres el que vino al casting con una camiseta celeste? Sí, -volví a responder, -¡Eh, es él, lo encontramos!, hizo una pausa y dijo: -¡Christian fuiste escogido! …Esa frase cambió mi vida, solo semanas después me enteré de que por mi resultado en el casting habían cambiado al actor mayor y ahora buscaban a alguien más. Así empezó mi carrera en televisión, y a esto le siguieron largas horas de ensayos y meses de grabación.



 

 

Comentarios  

 
0 #1 Lissette 27-08-2010 01:47
me encanto el reportaje es un enseñanza de que todas las cosas que uno se propone realizar en la vida se pueden lograr con esfuerzo ,perceverancia y constancia y que con la ayuda de Dios y apoyo de nuestra familia todo se puede lograr en la vida sigue adelante Christian att: Lizzie
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