¿Bajo qué umbral dormiré hoy? ¿Estaré solo o acompañado?
La ciudad está oscura. Las luces de los autos permiten divisar, de tanto en tanto, varias personas de andar apresurado. Voltean la vista para cuidar sus espaldas. El semáforo, mi aliado de malabares y fuego, de limpieza de vidrios y ventas está apagado. Su luz roja no puede ayudarme a detener el tráfico, a captar por unos segundos una mirada caritativa. Capturar un corazón generoso.
La ciudad luce desteñida. Los cortes de luz tienen como emisarios a los policías. A cada pitazo suyo agudizo mi oído. Debo distinguir si correr o detenerme. Siento que la luz roja me daba más tiempo para recolectar caramelos, ropa o juguetes e incluso sonrisas.
Soy tan pequeño, que apenas alcanzo a levantarme en puntillas para tocar las ventanas de los conductores. Mis amiguitos son tan grandes. Tengo que correr más a prisa, me digo para mis adentros; pero la noche está fría y mis piecitos descalzos a veces se encuentran con vidrios que me lastiman, lo que me dificulta llegar a la meta.
La noche está fría y mis piecitos descalzos a veces se encuentran con vidrios que me lastiman
Son casi las diez del 24 de diciembre y pienso que ya mismo nace Jesús. Estoy cerca de un centro comercial muy concurrido. Aún sigue abierto y tiene luz. Todos corren como locos y a veces tropezamos. Los faros de los autos me dejan ver algunos rostros. Miradas de ira o de lástima y a veces recibo insultos. Algunos hasta me esquivan y si tengo algo de suerte me dan la comida que les sobró, algo de dinero o una palmada en el hombro, debo confesar que eso me gusta más. De hecho cambiaría un poco de cariño por algunos caramelos que logré recolectar.
Siento un gran vacío. Más grande que otros días. También me siento triste y tengo tanta hambre y sueño. Y la pregunta inevitable que me hago cada noche que llega. Incluso esta noche. ¿Bajo qué umbral dormiré hoy? ¿Estaré solo o acompañado? ¿Lograré comer algo? y, sobre todo, ¿cuándo vendrá la Navidad para mí? Un hogar, una familia, algo de justicia y un poco de calor. Pienso en eso mientras voto la envoltura de mi último caramelo y sigo correteando con mis hermanos de lucha, año tras año y día tras día, cambiando sonrisas por solidaridad.
Son las doce de la noche y todo sigue igual. Entonces recuerdo que Jesús ya nació y le ruego por mí y por todos los niños del mundo que viven lo mismo que yo. Le pido que nazca en los corazones de la gente, que un día cambie esta triste realidad para que yo deje de contar esta historia.
Siento un gran vacío. Más grande que otros días. También me siento triste y tengo tanta hambre y sueño. Y la pregunta inevitable que me hago cada noche que llega. Incluso esta noche. ¿Bajo qué umbral dormiré hoy? ¿Estaré solo o acompañado? ¿Lograré comer algo? y, sobre todo, ¿cuándo vendrá la Navidad para mí? Un hogar, una familia, algo de justicia y un poco de calor. Pienso en eso mientras voto la envoltura de mi último caramelo y sigo correteando con mis hermanos de lucha, año tras año y día tras día, cambiando sonrisas por solidaridad.
Son las doce de la noche y todo sigue igual. Entonces recuerdo que Jesús ya nació y le ruego por mí y por todos los niños del mundo que viven lo mismo que yo. Le pido que nazca en los corazones de la gente, que un día cambie esta triste realidad para que yo deje de contar esta historia.












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