
Todos venimos de una misma fuente, línea genealógica, sangre, material y diseño.
F elipe Caicedo, demandó al dueño de un restaurante situado en Guayaquil, por delito de odio y racismo. Caicedo fue al restaurante en compañía de sus amigos y familiares, de pronto a uno de los clientes lo intranquilizó el hecho de que un acompañante de Caicedo estuviera hablando por celular entrando y saliendo algunas veces del local, por lo que llamaron a la Policía confundiéndolos con presuntos delincuentes.
Un brevísimo acercamiento al problema
El caso de Ecuador, en particular, no escapa al problema del racismo e incluso a la xenofobia. Según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua, el racismo es la “doctrina antropológica o política basada en este sentimiento y que en ocasiones ha motivado la persecución de un grupo étnico considerado como inferior” y la xenofobia es el “odio, repugnancia u hostilidad hacia los extranjeros”. Como habremos notado, estos problemas sociales están en nuestro cotidiano vivir, incluso se utilizan expresiones tales como “blanco corriendo, atleta y negro corriendo, ladrón....”. Es un problema del que todos tenemos conciencia pero poco hacemos para contribuir con la solución.
¿Qué dice la Biblia al respecto? ¿Qué debemos hacer como cristianos?
La Biblia y el problema racial
La traducción podría ser así: “Entonces Dios el Señor formó a la humanidad de la tierra misma, y sopló en su nariz y le dio vida. Así la humanidad se convirtió en un ser viviente”.
Por lo tanto, uno de los grandes desafíos del liderazgo cristiano, es incorporar en su praxis una ética trascendental-inclusiva surgida del propio evangelio. Dejar de imponer un normativismo ético cuyos límites con el legalismo, son casi imperceptibles, para abrirse a los problemas sociales tales como el racismo y la xenofobia, entre otros. El imperativo de llevar el evangelio a toda etnia nunca fue tan urgente en nuestra sociedad como lo es hoy. Abrámonos a los problemas sociales y seamos copartícipes de una transformación social desde el evangelio de Jesucristo.












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